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Archive for December, 2005

Espíritu navideño

December 25th, 2005 No comments

Esta mañana me encuentro con que la sociedad actual es una de las más agresivas de la historia. Disputas, enfrentamientos, guerra, muerte, destrucción. Son palabras que nos encontramos continuamente en periódicos y telediarios.

¡Hoy es Navidad! ¡Quiero cambiar el mundo! Pero, ¿cómo?

No es tan complicado. En realidad basta con que cumplamos con nuestro deber como personas humanas que somos, realizando buenas acciones y dando ejemplo a los demás. Mejorando nuestros pequeños mundos particulares podemos mejorar todo el mundo. Vicente Ferrer, en su libro El encuentro con la realidad nos lo explica así:

¿Qué deber tengo en este mundo?

«Transformar la sociedad en Humanidad.»

[...]

El hombre tiene el deber de hacerlo todo más humano. Esta transformación tiene que empezar en el individuo, y llegar a abrazar a la sociedad entera: la familia, las relaciones personales y laborales, las escuelas, los institutos y las universidades, los hospitales, las empresas, los científicos, los gobiernos y las naciones.

[...]

Los hechos nos demuestran que todavía no somos completamente humanos. Día a día, al leer el el periódico comprobamos que aún estamos lejos de la perfección humana que podemos alcanzar en este mundo.

Pero ¿hay algún retrato donde podamos ver cómo es un ser humano de verdad? Si cierras los ojos y escuchas lo que tu corazón te dice, la luz de tu alma, verás un ser humano como tú debes tratar de ser.

A gran escala, la inhumanidad de nuestra sociedad se pone de manifiesto en las guerras, las injusticias, los crímenes, los maltratos y la explotación laboral adulta e infantil. Y, sin duda, en la pobreza y miseria, la peor de las enfermedades de esta sociedad, representada por millones y millones de personas condenadas a una vida «infrahumana», llena de dificultades y sufrimientos.

El mundo reclama nuestra intervención, la acción por los que padecen. Hay multitud de causas que piden a gritos nuestra ayuda. Es indispensable que, en la medida en que nos sea posible, nos impliquemos en esta historia. Tenemos que ser miembros activos de esta sociedad, empujarla para que progrese humanamente. Con esto no estoy diciendo que el mundo entero tenga que dejarlo todo para convertirse en misionero o cooperante. Es más sencillo que todo eso: en tu propia ciudad, en tu mismo barrio seguro que hay una asociación o colectivo social que necesita ayuda en forma de trabajo o recursos. La acción buena por los demás debe ser compañera de nuestra vida ordinaria.

Todos tenemos que aportar nuestro esfuerzo en este largo camino de borrar de nuestra sociedad todos los restos de inhumanidad que aún quedan en todos los niveles y dimensiones humanas.

Por un mundo mejor. Feliz Navidad a todos.

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La revolución viene desde abajo

December 19th, 2005 No comments

Quien más, quien menos, todos hemos podido leer algo sobre la Proposición de Ley referente a la implantación de software libre en la Administración. Como mínimo todo el mundo sabrá que se rechazó con la casi totalidad de los votos del Congreso, lo cual tampoco es que me sorprenda en exceso. Creo en el sistema democrático como la mejor forma de gobernar una nación, pero mi fé en los políticos es inversamente proporcional a la importancia del cargo que ocupan.

Algunas de las razones en contra que se argumentaron:

“En cualquier caso, el criterio que ha de tener la Administración como el que aplica el ciudadano es elegir en función de la eficacia, y esto no es malo. [...] Esto es un poco el criterio que tiene el Grupo Parlamentario Catalán de Convergència i Unió, es decir libertad de elegir por parte del usuario.” – Vilajoana Rovira (CIU)

“Los gobiernos y los parlamentos no están para coartar la libertad y hacer dirigismo tecnológico; los gobiernos y los parlamentos deben fomentar la competencia de todos los tipos de software estimulando la innovación y evitando intervenir con requisitos de adquisición que discriminen y que limiten la libertad.” – Echániz Salgado (PP)

“Debemos ser libres y nuestra postura es la llamada neutralidad tecnológica y la eficacia. Debemos elegir el mejor programa, y evidentemente sería positivo valorar programas de software libre, pero no decidir a priori que utilizaremos un programa de software libre si no es la mejor solución técnica en ese momento para la Administración.” – Muñoz Santamaría (PSOE)

Estos señores parecen olvidar algo que debería ser evidente, que la libertad de una persona acaba exactamente donde empieza la libertad de otra persona. En otras palabras, hablo del bien común.

Por ejemplo, un fumador debería ser libre de fumar lo que quisiera, cuando quisiera y donde quisiera. En teoría, él es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Entonces, ¿por qué no es así? ¿Por qué se ha llegado incluso a redactar y aprobar una ley antitabaco que limita y recorta su libertad? La respuesta es sencilla, por el bien común.

¿Por qué hay gente que pierde sus casas, en las que vivieron sus padres y sus abuelos, para que pueda construirse una nueva autopista? Por el bien común. Puede que la expropiación se haga de forma injusta, que se especule con el terreno, etc, no entraré en ese tema, pero lo cierto es que miles de personas salen beneficiadas de esa actuación.

Pero cuando se trata de los programas de ordenador entonces ya no importa el bien común. No importa que toda la administración de un estado dependa de los caprichos y decisiones de una multinacional extranjera. No importa que parte de los impuestos de todos los ciudadanos contribuyan a enriquecer a esa multinacional (si al menos fuera española). No importa que esa multinacional o el gobierno de su país pueda evitar fácilmente la seguridad de los sistemas de un estado, desde Administración hasta Defensa.

Si una persona usa programas privativos en su casa incurre en problemas éticos añadidos y daña a la sociedad a la que pertenece, aunque en este caso es un daño mínimo. Si se trata de un centro educativo el daño es mayor, ya que se convierte en una factoría de futuros clientes de los monopolios privativos. Si es una empresa, el daño repercute principalmente en sus empleados y socios, además de en sí misma.

Pero cuando es el propio gobierno, el daño recae en todos, en toda la sociedad a la que se supone que tiene que servir y proteger.

Volviendo a mi tono “pesimista” de la situación, no espero que el cambio venga desde arriba. Los grandes monopolios privativos mueven enormes cantidades de dinero que pueden hacer servir para untar morros, hacer ofertas a las que las administraciones les resultaría muy duro negarse (como por ejemplo “regalar” 5.000 ordenadores con sus programas privativos instalados), etc. Usar el precio de los programas como razonamiento es un arma de doble filo que al final acaba volviendose en contra, ya que las multinacionales son lo suficientemente grandes y fuertes como para ofrecer sus programas y servicios por 0 euros. Temporalmente, claro, pero la jugada ya está hecha.

No, el cambio no vendrá desde arriba sino desde abajo. El movimiento del software libre empezó con una sola persona, una persona normal y corriente con una gran voluntad de hacer las cosas bien y que poco despues empezó a ser ayudada por otras personas con las mismas motivaciones. Sin gobiernos, sin empresas, sin organizaciones.

Es un proceso lento pero seguro que va cambiando poco a poco a la sociedad entera, que irá ascendiendo desde las personas de a pie, por las pequeñas organizaciones y empresas hasta las grandes compañías para acabar en los gobiernos de las naciones. Las leyes que nos protejan de los programas privativos vendrán como punto final, como rúbrica, del éxitoso camino de la sociedad a algo mejor. No como medio para conseguirlo sino como sentencia definitiva.

La propia Free Software Foundation nos indica el camino. Cuando se le indica a alguno de sus miembros que el software libre debería centrarse un poco más en las necesidades de las empresas la contestación es siempre la misma: “No nos interesan las empresas, nos interesan las personas”. La revolución viene desde abajo.

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Yo no soy anti-Microsoft

December 17th, 2005 6 comments

Aunque en ocasiones no nos guste, a lo largo de nuestra vida recibimos apodos y etiquetas que nos designan por algo que somos, pensamos o hacemos de forma sensiblemente distinta a los demás. A veces nos resulta divertido y lo aceptamos de buena gana. Otras, nos resulta especialmente irritante.

Es lo que a mí personalmente me ocurre cada vez que se me pregunta por algo relacionado con programas privativos y otra persona salta con algo del estilo “déjalo estar que este es anti-Microsoft”. Y me irrita justamente porque no lo soy ni le deseo ningún mal a la empresa de Redmond. Es más, me sentiría muy feliz si Microsoft comenzara a desarrollar programas libres y duplicara sus beneficios gracias a ello.

Si yo realmente fuera una persona anti-Microsoft actuaría de una una o más de las siguientes formas:

  • Distribuiría copias ilegales de programas de Microsoft (Windows, Office, etc).
  • Escribiría tutoriales de cómo instalar copias ilegales de programas de Microsoft usando cracks, números de serie falsos, etc.
  • Desarrollaría cracks para saltar las protecciones de los programas de Microsoft y los distribuiría como freeware en todas las webs que pudiera.
  • Escribiría virus para los programas de Microsoft, cuanto más destructivos mejor.
  • Realizaría ataques DoS contra la web de Microsoft.
  • Intentaría entrar en los servidores de Microsoft para robar código, introducir puertas traseras en sus productos, etc.
  • … y más cosas que no se me ocurren.

Pero yo no hago nada de eso. Solamente soy un usuario de GNU/Linux que mantiene su sistema libre de programas privativos, que de vez en cuando escribe algún programilla o script y lo libera a la comunidad, que en alguna ocasión colabora con algunas líneas de código en algún programa libre y que escribe y habla siempre a favor del software libre.

Los que defendemos y promovemos el uso de software libre no tenemos necesidad de atacar a los programas privativos y a sus empresas. Es un mundo que simplemente está derrumbándose por sí mismo, por sus conceptos erróneos y anticuados, por sus constantes mentiras… porque la libertad, al final, siempre es la mejor opción.

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